"Era tan fácil". Paris Joel

jueves, 21 de septiembre de 2017

El conflicto catalán, una visión simplista de un simple ciudadano













Hay unos señores que se arreglaban con un estatuto mejorado pero hubo otros, los que ahora mandan, que no pararon hasta aguarles la fiesta. A ambos los guían las derechas al igual que a los diestros vascones que ahora, una vez más, ayudan a los que mandan a gobernar y eso que los que mandan ahora son malos malísimos.

Lo bueno es que esa conjunción de malos, los tres nacionalistas, siempre se unieron para gobernar, a los del norte les faltó tiempo para sacarse la foto con los del centro para conseguir sus cosillas, los del centro hablaban el idioma de los del Este en la intimidad, y estos últimos incluso fueron llamados en su día por los malos malísimos para contrarrestar el auge imparable de los comunistas cuando esto de la democracia asomaba tímidamente por nuestra piel de toro (acuérdense quien propició la vuelta de Tarradellas).

Ahora, los condados rebeldes del Este, cometieron el gran pecado de convocar un referéndum para sondear quien quiere aislarse de los malos malísimos y quien no, pero a los malos malísimos, aquejados del mal de Alzheimer que te hace recordar cosas de la infancia pero no del presente inmediato, ya apenas hablan el idioma de la intimidad pero sí rememoran las prácticas de sus padres, de su infancia, o sea, que no les gustó nada esa ocurrencia llena de urnas y papeletas, pues, consecuentes con sus antepasados, son alérgicos a estas cosas. O sea, que, resumiendo, han montado en cólera y están haciendo lo que siempre hicieron sus padres.
Mientras todo esto sucede, los diestros vascones, tan soberanistas como los otros, en un alarde de solidaridad, miran hacia el fondo sur y apoyan fielmente a los malos malísimos, ya saben, por eso de conseguir sus cosillas, y, en medio de toda esta vorágine del tira y afloja, estamos los simples mortales que vemos como los unos y los otros se tiran de la manta poniendo en peligro lo poco conseguido hasta ahora. Nos bombardean con sus soflamas en casposos programas de tv y periódicos afines un día sí y otro también, mientras a las cajas B de unos y otros les salen ruedas y la corrupción galopa a lo ancho del País. Los tres, como nacionalistas, apelan a ese hondo sentimiento romántico de la Patria en un mundo beneficiosamente globalizado para ellos y perjudicial para los de siempre, los que intentamos llevar una vida digna aún sabiendo que somos carne de cañón para que ellos hagan sus grandes negocios y se lleven los beneficios. Todo parece un gran mercado, una gran apuesta que pone en juego nuestras exiguas libertades, y, ante eso, al caminante de a pie, solo le queda decir: YA ESTÁ BIEN! Arréglense ustedes y déjenme en paz, democráticamente en paz.

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