"Y si fuera así". Paris Joel

jueves, 19 de febrero de 2015

Despreciamos La Música

Es duro decirlo, pero es así: en España se odia la música y se desprecia, profundamente, a los músicos. Las comparaciones con otras profesiones, incluso las más odiosas, no se sostienen y la baja estima social se retrotrae al medievo perdurando en nuestros días.
Una inquina secular que se pierde en la noche de los tiempos equiparando a los músicos con los mendigos, bufones, y gentes de mal vivir.
En estos días saltó la noticia de que existe una nota interna que circula por el Metro de Madrid en la cual se recomienda a los revisores a que persigan a los músicos, gays y mendigos, todos en un saco, para los de “arriba”, lo peor de lo peor.
Así nos ven, compañeros, como maleantes, presuntos delincuentes o algo peor, de ahí que en nuestro País la pornografía cotice sólo un 4 por cien de IVA, mientras que la música un 21, o que la Casa de Alterne más lujosa de la Provincia de A Coruña llevara 16 años funcionando con licencia de carpintería mientras que al músico se le pide hasta un examen para tocar en la calle.
La profesión del músico en España es la más normativizada, regulada, vigilada y perseguida que se conozca. Al músico se le exige de todo, ser autónomo, sus altas en la Seguridad Social, examen para tocar en la calle, que sea buen profesional, que tenga un buen equipo, y, que, por supuesto, llene, él solito, los locales en los que va a actuar, y, todo eso, cobrando poco, o sea, que salga al contratante barato barato. Como muestra un botón: en Galicia un excelente bajista de jazz, no académico, si gana 50 euros a la semana se puede dar con un canto en los dientes, o sea, unos 200 eros al mes, si solo ser autónomo le sale en casi 400 euros, echen cuentas y ya no le den de comer al músico, a lo mejor se acostumbra. Es más, para el músico medio, ya no existen los cachés, él mismo alquila la sala donde va a tocar, paga por tocar, y, en el mejor de los casos, va a entrada. Un negoción!
Escenarios que se dan en otros países, en España serían impensables. Músicos condecorados sir en Inglaterra, la música como industria estratégica en Cuba o USA, el concierto de Año Nuevo en Viena, etc, etc, etc. Solo de ver cosas así dan envidia.

Es una desgracia pero los galardones de más prestigio que tienen nuestros músicos son otorgados por países extranjeros. Mientras, en nuestra Piel de Toro, si le preguntamos a alguien a que se dedica y éste tiene el arrojo de decir que es músico, le respondemos que eso está muy bien pero que lo queremos saber es como se gana la vida, no concebimos la música como un oficio o profesión. Así somos. ¡Qué pena!

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