Ciencias Exactas. - Dime por qué no da llegado el parto de lo que me atenaza con lágrimas de hielo, dime por qué el respirar cuesta tanto y todo parece un domingo eterno. Por qué noto el descenso del pájaro muerto, el entierro de todas las mariposas, el beso robado por la famélica gaviota, el canasto del perro vacío, el polvo en los juegos de los niños, la guitarra sin cuerdas, la armónica oxidada, el yogur caducado en la nevera, el listín telefónico lleno de ausentes, y la almohada, blanda, blanda, blanda. Y aún no he roto aguas, infecundo, huero, fuera de cuentas, lego en ciencias, que se suponen... Exactas. Paris Joel
Me hiciste enfermo crónico de tu roce, de tu risa leve de carmín cereza, Y murieron los arquitectos de tus besos, los ingenieros de tus curvas, pero, contigo, perduró el Renacimiento, y mi paisaje urbano, poco a poco, fue la Venecia de Canaletto. Te recuerdo... No hay fármaco ni solución salina para disolver suspiros, visiones, anhelos... No sé si creerás que sentí todas las rotaciones del planeta hasta este aguafuerte que hoy describo con versos, un grabado para siempre: El sueño del amor mata lentamente.
Cuando volví supe que era aquí donde, sin duda, moriría. Con el eje torcido y la tracción gastada ya solo podré dar cortos paseos en la playa y volver a tu nido de abrazos de madrugada.
Con ojos de botella en la ventana blanca buscaré viejas fotografías y con música de Morricone brotarán lentas las lágrimas.
El viento acudirá sin falta a su cita y todo volará como tu falda cuando solo yo te vi y supe que te pertenecía.
Así será, polvo en el viento, aroma de invierno, leña quemada, lluvia y quizás, estrellas de la mañana.
Con un cielo que no para de sangrar, siento mi pecho hemofílico, desbocado, busco el calor de la guarida esquivando ojos empapados, borrachos de colores con el rímel desteñido, descuidado.
De los tejados caen escalofríos y mis maldiciones suenan como un claxon. Apuro el paso pero siento nieve en mis zapatos, hoy la noche no es amiga, solo el contrapunto de tu abrazo y aquel carmín que decía: ven, quédate, te quiero tanto...
Acaricio mis bolsillos buscando algo perdido pero solo rozo el vacío de un simple trapo. Conejos asustados por el paso de cebra y varias ráfagas de aliento de nevera me dicen que allá donde voy muchos están, pero nadie me espera.
Quizás salir en esta noche fría ha sido un error de bulto, de paloma ausente, mensajera, quizás no haya sido buena idea.